El Viaje Sonoro Mbaracayú reunió a Latinoamérica a través del canto

El encuentro ocurrido en septiembre dejó más de 800 grabaciones de aves y también cantos de anuros y mamíferos. Además de un resultado que va más allá de los números: conectar a quienes trabajan por la grabación de sonidos en la región.

Participantes y staff de la Expedición Sonora Mbaracayú

Durante el viaje, el grupo registró 240 especies de aves, de las cuales 134 fueron grabadas, un aporte importante al archivo sonoro del Bosque Atlántico del Alto Paraná y del Neotrópico. Para Paraguay, un país que rara vez superaba los 100 audios por mes, la cifra representa un salto enorme.

Cada grabación que se archiva en la Macaulay Library alimenta herramientas como Merlin Sound ID, y por eso las expediciones apuntan a especies poco representadas en el archivo, aquellas con menos de 150 audios en toda la biblioteca. Llegaron a Mbaracayú Silvia Padilla (Guatemala), Roger Morales (Panamá), Olman Chaves Calderón (Costa Rica), Jaime Suárez Mejía (Colombia), Luis Alberto Salagaje (Ecuador), Nicolás Vilches (Chile), Sabina De Lucca (Argentina) y tres paraguayos: Arielle López, Luis Doldán y Carlos Ortega. Con el staff de Grabando Aves y la Macaulay Library, formaron un grupo de 14 personas.

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Las especies que más se buscaban

Los participantes lograron grabar nueve de las diez especies prioritarias registradas en la reserva. Luis Alberto Salagaje fue quien más sumó, con cinco: el Buff-bellied Puffbird (Notharchus swainsoni), el Spot-billed Toucanet (Selenidera maculirostris), el Band-tailed Manakin (Pipra fasciicauda), el Black-crowned Tityra (Tityra inquisitor) y el Black-and-white Hawk-Eagle (Spizaetus melanoleucus). Sabina De Lucca aportó cuatro, entre ellas el Rusty-breasted Nunlet (Nonnula rubecula), que solo ella registró. Luis Doldán, Arielle López, Nicolás Vilches y Jaime Suárez Mejía grabaron el Saffron Toucanet (Pteroglossus bailloni), Roger Morales, el Planalto Hermit (Phaethornis pretrei), y Olman Chaves Calderón, el Buff-bellied Puffbird y el Black-crowned Tityra.

La más escasa en el archivo era el Buff-bellied Puffbird, con apenas 31 audios en la Macaulay Library antes de la expedición. Una de las nuevas grabaciones, de Luis Alberto Salagaje, se puede escuchar a continuación:

También sonó varias veces el Buff-fronted Owl (Aegolius harrisii), grabado por cinco participantes: Arielle López, Roger Morales, Carlos Ortega, Nicolás Vilches y Luis Alberto Salagaje. Entre las grabaciones más largas hay tres de alrededor de tres minutos y medio: un Rufous Nightjar (Antrostomus rufus) y un Bare-throated Bellbird (Procnias nudicollis), ambos de Roger Morales, y un Red-rumped Cacique (Cacicus haemorrhous) de Olman Chaves Calderón.

Spot-billed Toucanet, una de las especies objetivo del viaje. Foto: Daniel Arias

Más allá de las aves

Por primera vez en una expedición de este tipo, el grupo puso el foco en la grabación de cantos de anuros y de mamíferos. Fue posible gracias a Diana Coronel, herpetóloga a cargo de los estudios de anuros de la reserva, que lleva adelante monitoreos bioacústicos con grabadoras pasivas y ayudó a identificar los cantos que el grupo fue registrando.

Entre los más grabados estuvieron Leptodactylus elenae y varias especies del género Scinax, como Scinax fuscovarius. También se lograron grabaciones del mono caí (Sapajus cay), una de las muy pocas disponibles en el archivo de la Macaulay Library.

Grabar para llenar vacíos

Una de las actividades más valoradas fue una ronda en el auditorio, en la que cada participante explicó por qué graba sonidos de aves. Varias respuestas apuntaron al mismo lugar: Paraguay tiene grandes vacíos de información sobre sus aves, y cada grabación ayuda a completarlos.

«En Paraguay hay un vacío enorme de información, y grabar sonidos es una forma de ayudar a llenarlo y de aportar a la ciencia de nuestro país.» —Luis Doldán, Paraguay

Ese vacío se nota especialmente en la zona donde vive Carlos Ortega, el Monumento Natural Cerro Chovoreca, en Alto Paraguay, una de las regiones menos muestreadas del país y una de las áreas de bosque chiquitano menos representadas en los archivos globales. Carlos graba para actualizar los cantos regionales de las especies. Roger Morales sumó que grabar es también una forma de participación ciudadana, y Luis Alberto Salagaje contó que empezó gracias a la motivación de mentores como [Niels Krabbe], referente de la grabación de sonidos en la región andina. Para Nicolás Vilches, la repetición de grabar entrena el cerebro y facilita el aprendizaje, y Jaime Suárez Mejía lo vive como una forma de conectar más profundo con las aves. Silvia Padilla, por su parte, recordó que su primer vínculo con las aves fue el sonido y no la vista, algo poco común entre quienes se acercan a la observación.

Un bosque que también enseña

La reserva tiene poco más de 64.000 hectáreas y fue creada por ley en 1991 como la primera reserva privada del Paraguay. La administra la Fundación Moisés Bertoni, que se comprometió a conservarla a perpetuidad. En el año 2000 la UNESCO la declaró Reserva de Biosfera, la primera del país, y hoy es el área de Paraguay con mayor conocimiento científico sobre su diversidad biológica.

Dentro de ella funciona, además, el Centro Educativo Mbaracayú, creado en 2009: un colegio técnico en Ciencias Ambientales para adolescentes de la zona, solo para mujeres. Una alumna del ultimo año del colegio, explicó a los participantes el porqué de esa decisión.

«Decidimos que fuera solo para mujeres porque en las zonas rurales el abandono escolar golpea sobre todo a las niñas.»

Selva en la Reserva Natural del Bosque Mbaracayú. Foto: Fabricio Gorleri

Entre sus alumnas hay paraguayas, indígenas aché y guaraníes, y ya se graduaron cientos de estudiantes. Los ingresos del Mbaracayú Lodge se destinan a sostener el colegio y la reserva, y las estudiantes hacen allí sus prácticas: un modelo que combina conservación, educación y turismo sostenible, y que recibió el Premio Fundación BBVA a la Conservación de la Biodiversidad.

Aprender juntos

La rutina combinó salidas de grabación al amanecer por la red de senderos de la reserva, cuando el coro de aves está en su mejor momento, con charlas por la tarde en el auditorio. No es casualidad: más de un tercio de las grabaciones se hicieron entre las 6 y las 7 de la mañana.

En esas caminatas el grupo contó con la compañía de Sixto Fernández, guardaparque de la reserva, que se sumó a las grabaciones y aportó su mirada y su experiencia de quien conoce y cuida el bosque de Mbaracayú.

En esas tardes, Fabricio Gorleri presentó Merlin Sound ID y las buenas prácticas de edición de sonidos, con las que el grupo aprendió a recortar, normalizar y preparar sus grabaciones para archivarlas. Daniel Arias-Cruzatty explicó cómo promover la grabación de sonidos y organizar un evento propio en cada región. John Garrett habló de la importancia de los hotspots de eBird y de la calidad de los datos, y Hannah Criswell presentó Photo ID, otra herramienta de Merlin.

Un dato que resume el ritmo del grupo: Olman Chaves Calderón usó la nueva herramienta de carga de audios, que permite subir grabaciones directamente a una lista de eBird desde Merlin, y subió de una sola vez más de 70 archivos a la misma lista.

Charlas y taller de edición en el auditorio de la reserva

Un legado que se queda en Paraguay

Como parte de la expedición se donó equipo de grabación a Paraguay, que quedó en manos de Arielle López, Luis Doldán y Carlos Ortega. La idea es que sigan aportando desde sus regiones al archivo sonoro del país, incluidas zonas poco muestreadas como el bosque chiquitano de Alto Paraguay.

Durante la presentación de los participantes, Silvia envió un mensaje que resumió lo que muchos sintieron durante el viaje.

«Este tipo de viajes deja un legado para las futuras generaciones. Lo que hacemos con Grabando Aves es un regalo para la humanidad.» —Silvia Padilla, Guatemala